Portafolio

En este blog encontratás los portafolios de las organizaciones conformadas por ciudadanos activos y participativos que realizan su labor de gestores y actores culturales en la ciudad de Bogotá, Colombia.

martes, 23 de junio de 2015

Exaltación de la masculinidad en Palonegro



“Más se perdió en Palonegro” 
adagio popular


Hay en el aeropuerto de Palonegro, situado en el municipio de Lebrija (Santander), que presta servicios a la ciudad de Bucaramanga, un obelisco erigido en honor a los héroes de la batalla de Palonegro. Se trata de un monumento discreto que pasa desapercibido a los viajeros (siempre afanados por alcanzar un vuelo) que llegan al aeropuerto en automóvil de servicio público o particular. Conque, salvo algunos funcionarios del terminal, ciertos taxistas en espera de pasajeros y uno que otro viajero desocupado, como el suscrito, nadie repara en la placa conmemorativa de la batalla en cuestión.

Son las cuatro de la tarde (mi vuelo saldrá a las cinco y media) y ante nada mejor que hacer después de haber registrado mi viaje y leído hasta los avisos clasificados del diario local, decido salir a mirar el obelisco. Soy de una generación pre tecnológica que limita a lo estrictamente necesario el uso de los dispositivos electrónicos. Abomino del autismo que producen tales aparatos en sus pobres usuarios, de modo que me encamino hacia el monumento de marras, vadeando el estacionamiento del aeropuerto hasta llegar al obelisco. Para acceder al complejo uno debe caminar el equivalente a tres cuadras por la vía pública (no hay acera), corriendo el riesgo de ser atropellado por los afanados conductores, tramo que se salvaría fácilmente cruzando por la mitad del estacionamiento, claro está, si hubiera una salida peatonal en la parte posterior. Acaso hay un deliberado desinterés en que los turistas visiten el monumento. Quizá el hecho tenga que ver con que el monumento conmemora la muerte insensata e inútil de miles de hombres (más de 4.500 según reza la placa), en una batalla larga y cruel entre liberales y conservadores llevada a cabo en ese sitio entre el 11 y el 26 de mayo de 1900. El obelisco, en palabras del autor del texto de la placa, Coronel Leonidas Florez, es “un monumento al pavor para ejemplo de la esterilidad de las guerras civiles”, y de todas las demás, agregaría yo.  Culmina su homenaje el Coronel Florez manifestando que “En Palonegro quedó demostrada la masculinidad de los colombianos llegados de todos los rincones del país”. Como sea, me aparto respetuosamente de lo afirmado con innegable sesgo machista en este último párrafo, pues lo único demostrado en dicha batalla fue, a mi juicio, nuestra estupidez endémica, nuestra absurda proclividad a la violencia para resolver las diferencias, y la utilización perversa del pueblo como carne de cañón para defender a sangre y fuego los privilegios del establecimiento y los terratenientes.

Se me ocurre que deberían llevar esa placa a las conversaciones de paz en la Habana como recordatorio y para vergüenza de las partes, que no acaban de develar todavía sus oscuras intenciones, sus ases bajo las mangas.

Otra fuera  la historia si en nuestras diferencias se hubiera demostrado mejor la feminidad de las colombianas, es decir, su sentido común, su valentía y  estoicismo ante la adversidad, la persistencia en sus luchas y reivindicaciones, su condición de madres dadoras de vida y no de muerte. Hay un dicho, creo que de Ambrose Bierce, un hombre que participó en varias guerras civiles, que  sostiene que un cobarde es una persona en la que el instinto de conservación aún funciona con normalidad. Quizá se refería a una persona con sentido común que se niega a participar en una guerra absurda, que se abstiene de matar a un igual  para proteger intereses ajenos y mezquinos. Esa no es cobardía en el sentido de los belicistas, sino objeción de conciencia.


Y a despecho del adagio popular que antecede esta entrada, evidentemente en nuestra guerra inveterada hemos perdido mucho más que en Palonegro!!!

miércoles, 17 de junio de 2015

Pequeño homenaje a un gran batallador: Willie el coyote de la caricatura

Hastiado de nuestra absurda cotidianidad plagada de barbarie y corrupción, hago un paréntesis caricaturesco, terapéutico y banal, si se quiere, para rendirle el homenaje que le debo al enorme Willie. 



Desde que se inventaron las ventas por catálogo, no conozco un consumidor más sufrido que el pobre Willie, el coyote de la famosa caricatura de Warner. Sin embargo, esta víctima propiciatoria del consumismo insensato, mantiene una fidelidad a prueba de balas a los productos de la Corporación ACME. Lealtad digna de mejor causa, pues los artificios de esa inefable marca han demostrado ampliamente su ineficacia (sobran pruebas), y lo peor, se han constituido en una fuente inagotable de peligro para la integridad del usuario de marras. Tan extraño caso de la mercadotecnia amerita un estudio enjundioso por parte de un gurú del arte de fidelizar clientes. Pero esa es otra historia.


Ahora bien, si pudiéramos volver a clasificar a este cánido cándido en la zoología caricaturesca, no lo llamaríamos “Carnivorus vulgaris” como aparece en los créditos del cartoon, ya que, si bien vulgar, el pobre animal homenajeado no ha probado carne alguna en toda su vida, que yo sepa, sino que tocaría llamarlo “Consumidorum insensatus vulgaris”, merced a su inexplicable fidelidad a los productos ACME.


Por otra parte, lo que si causa enorme simpatía entre sus admiradores (que somos muchos), es su persistencia en el empeño de cazar al escurridizo Correcaminos, su estoicismo tragicómico frente a la adversidad. Parece que Willie creyera como Zenón de Citia, que todo cuanto le sucede está signado por un destino inexorable superior a él, imposible de controlar, y que ante el absurdo es preciso mantener una actitud de imperturbabilidad del alma (cualquier parecido con la realidad es pura caricatura).


Lo cierto es que Willie, con su insensibilidad hacia el dolor  y su esperanza firme de conseguir algo de placer mediante el esfuerzo vano (pero esfuerzo al fin), nos enseña la lección de la perseverancia, esto es, que no hay que cejar en el empeño de alcanzar el objeto de nuestro deseo por duras que sean las caídas. Toca, eso sí, ser más inteligente que nuestro héroe en la elección de los medios para alcanzarlo. En todo caso, nunca caer en las trampas de los perniciosos productos de la Corporación ACME que, en la vida real, asimilo a los créditos venenosos de los bancos.

viernes, 12 de junio de 2015

Pequeña narración intrascendente que cobra vigencia de cara a la próxima elección de alcaldes


El Peatón cuenta que….

Estando una vez en El Yopal por razones de trabajo, un funcionario del Hospital me invitó a conocer el Parque Natural La Iguana ubicado a orillas del río Cravo Sur. Unos metros antes de la entrada encontramos un aviso donde se leía:

“SE PROHIBE VOTAR BASURA EN ESTE LUGAR. MULTA DE $300.000 CONVERTIBLE EN ARRESTO. Alcaldía Municipal”

Mi acompañante me hizo notar lo que a su juicio era un lamentable error de ortografía, pues no se escribe “votar” sino “botar”, tratándose de la basura, y me dijo que era preciso corregir el aviso para no sentir vergüenza ajena. Yo le contesté que a mí, en cambio, me parecía una valiente -aunque involuntaria y algo drástica, si se quiere- medida del Alcalde para conminar a la ciudadanía a ejercer su derecho democrático al voto por candidatos probos y limpios en lugar de hacerlo por la misma basura de siempre. Y todo aquel que vote mal, pues que “chupe” por bobo. Finalmente ambos estuvimos de acuerdo.