Portafolio

En este blog encontratás los portafolios de las organizaciones conformadas por ciudadanos activos y participativos que realizan su labor de gestores y actores culturales en la ciudad de Bogotá, Colombia.

lunes, 31 de agosto de 2020

La ferrovía del Liri

Por: H. Darío Gómez A. 

 

“El tren ha representado siempre para el territorio que atraviesa un momento de profunda transformación y muchas veces de verdadera emancipación y desarrollo social.” Con estas palabras, Paolo Silvi, Presidente de la asociación Apassiferati, de Italia, comienza su presentación del hermoso libro sobre la historia de la ferrovía del Valle del Liri, al sur de Roma. Su asociación tiene como objetivo dar a conocer este bello territorio a través del ferrocarril. 

 

El libro, escrito por Costantino Jadecola, nos ilustra acerca de las vicisitudes que sufrió el ferrocarril por cuenta de un devastador terremoto en 1915 y luego a causa de la catástrofe de la segunda guerra mundial, cuando nazis y aliados, todos a una, lo destruyeron por ser un objetivo militar estratégico. No obstante, narra asimismo su recuperación fruto del amor de sus gentes por el tren, símbolo del desarrollo económico y civil de las tierras que atraviesa, como nos lo pone de presente Paolo en su texto introductorio. 

 

Otra historia interesante es cómo llegó a mis manos esta entrañable publicación de la asociación Apassiferati. En el mes de marzo de 2020, mis amigos de la Fundación de Pensionados de los Ferrocarriles Nacionales me invitaron a escribir, en su periódico “El riel”, una reseña sobre la pérdida de la sede del Fondo del Pasivo Social de los Ferrocarriles Nacionales de Colombia, en el edificio histórico y patrimonial de la Estación de la Sabana (en Bogotá), que ellos resintieron como el último despojo de un gobierno indolente con los ferroviarios, es decir, una muestra más de su desprecio, no sólo por un medio de transporte eficaz, seguro y más barato (acaso para favorecer los intereses de los transportadores por carretera), sino también por su historia. Lo que debía convertirse en un museo del ferrocarril terminó en sede de la policía de carreteras. Como sea, lo cierto es que mi artículo llegó, merced a mi querido amigo Vincenzo Fiorentino, a los ojos de Paolo Silvi, quien me contactó para darme a conocer su emprendimiento cultural y ferroviario en Italia, ofreciéndome además, de manera generosa, enviarme a vuelta de correo un par de publicaciones, entre ellas esta que tengo en mis manos y que me complace compartirles. 

 

La historia del ferrocarril, digo mal; la historia de la ausencia del ferrocarril en Colombia, está por escribirse. Pero a diferencia del tren del Valle del Liri, el nuestro no ha sido víctima del terremoto ni de la guerra, sino de la mezquindad de los gobiernos de turno que le dieron entierro de tercera hace 30 años, como cumpliendo esa premonición de Giovanni Papini cuando escribió: “Y he aquí que de pronto se ha parado, y los habitantes de la pequeña ciudad en fuga (el tren) han desaparecido, y el maquinista se seca la frente con aire poco satisfecho. Las ruedas se han parado tristemente sobre los rieles”.