Portafolio

En este blog encontratás los portafolios de las organizaciones conformadas por ciudadanos activos y participativos que realizan su labor de gestores y actores culturales en la ciudad de Bogotá, Colombia.

viernes, 3 de septiembre de 2021

Diatriba contra los ciclistas aficionados.

Por: H. Darío Gómez A.



“¡Hola! Bauseantes estridentes pletóricos de vulgaridad! Andad los caminos trillados por la vetusta humanidad: pero dejadnos nuestras rutas llenas de luz y opacidad, todas bañadas de silencio, recogimiento y ansiedad... Andad los senderos hollados por la vetusta humanidad, ¡Oh, supercríticos morosos hartos de suma fatuidad, arlequinescos figurines pletóricos de vulgaridad, de vicios fáciles y tontos, y de la unánime verdad, y de ideales consagrados, y de vacua sinceridad”. (Balada del abominario, León de Greiff)


De entrada debo señalar que, para mi mal, son precisamente mis escasos amigos quienes han caído en la trampa de las bielas. Todos, sin excepción, Pacho, Nico, George, Alvaro, sucumbieron a los cantos de sirena de la secta de los ciclistas aficionados. Debo aclarar asimismo que no tengo nada contra los ciclistas profesionales que practican ese deporte de alta competición en sus equipos y ganando jugosas fortunas o representando a sus regiones y países en torneos olímpicos. Tampoco aludo a quienes utilizan la cicla como medio de transporte para su trabajo, ni condeno los paseos relajados por la campiña o el parque para disfrutar los encantos de la naturaleza rodando despacio en bicicleta, en terreno llano, a las diez de la mañana, ojalá con una canasta llena de condumios y espirituosos bebestibles, no. Mi diatriba va contra esos insensatos que madrugan todos los días a las cinco de la mañana, sin ninguna necesidad, para rodar cien kilómetros, veinticinco de ellos en subida, llevando sus músculos al límite del dolor por las autopistas y dejando su corazón exangüe en las cimas. Son culpables del pecado mortal de atentar contra sus cuerpos y no contentos con ello, estos impíos comparten fotos de su masoquismo insano en las redes sociales, donde posan impúdicamente en la meta del "Ventoux" a las seis de la mañana, hora en la cual el hombre culto, como dice el poema, “debe estar en su cama disfrutando molicie seductora”, con el único fin de hacernos sentir mal a quienes como yo, a esas horas de la madrugada estamos bajo las cobijas disfrutando de los encantos de otra Aurora. ¿Qué buscan en esas madrugadas innecesarias esos “arlequinescos figurines pletóricos de vulgaridad”? ¿Qué oscuro placer sienten con el dolor voluntario de su propio cuerpo esos “supercríticos morosos hartos de suma fatuidad”? Todo eso, como decía mi abuelita: “hasta pecao será”.
Rosario Wilches, Sander Zemog y 5 personas más
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